(Buenos Aires, 28 de Noviembre, O’kuroku).- She’s gotta have it, la primera serie del cineasta Spike Lee, conocido por su aclamado film Malcolm X, nos trae un conjunto de tópicos diversos y sobre todo modernos a través de la plataforma de Netflix.

 

She's gotta have it

La serie tiene muchos puntos fuertes, a pesar de ser un reboot de una película del mismo nombre (también de Spike Lee) de 1986. Uno de ellos es el guion. Un guion que contiene diálogos cargados de extensas referencias culturales: música, cine, arte, historia; todo se fusiona en las charlas de Nola Darling, la protagonista de la serie. Ella es una artista de Brooklyn que, según sinopsis carentes de gracia, “se encuentra lidiando con sus tres amantes”. Definir la serie solo en esos términos sería quedarse en una cuestión sumamente superficial y absurda.

Al igual que otra serie de Netflix, Master of None, se abordan en cada capítulo diversos temas: la pansexualidad, la poligamia, el arte callejero, el movimiento Black Lives Matter, la gentrificación, la cosificación de la mujer, modificaciones estéticas, el acoso, la violencia de genero.

En torno a la violencia de género, en el primer capitulo de She’s gotta have it la protagonista sufre un incidente que la marcara tanto en su vida personal como en su arte. Ella demuestra ser más de lo que se ve. Como artista, la percepción es lo primordial, y Nola quiere demostrarnos cómo la percepción ajena puede jugar un papel importante en la vida de todos nosotros. Desde su obra Mi nombre no es hasta su forma de relacionarse con las personas de su entorno.

El nivel de trauma sexual que experimenta la obliga a deconstruir su propia relación con el sexo, con los otros y con su propia identidad. El cuerpo (de la mujer, y en especial de la mujer negra) y la violencia hacia el mismo se vuelve uno de los ejes que recorre toda la trama; ya sea en el arte de Nola (siendo su ambición representar la forma del cuerpo negro femenino) o en personajes secundarios como su amiga Shemekka, Raqueletta Moss o su alumna Reggie.

She's gotta have it

Con respecto a la película original, la calidad de los diálogos y la tridimensionalidad de los personajes sufrieron cambios que, aunque pequeños, bastante drásticos. Mientras la película es una historia acerca de una mujer, la serie es la historia de una mujer. El film original cuenta una historia desde afuera, cree que puede reproducir a una mujer, pero se nota, en 1986, como la perspectiva era muy diferente; incluso el personaje lésbico de la película está claramente escrito por un hombre; la película es lo que los hombres desean ver, la serie es la realidad en sus matices ideales y crudos.

Por otro lado, She’s gotta have it de 1986 peca de algo que es muy común en las producciones americanas: explicar explícitamente al público las situaciones. Se trata del arte visual, de la cinematografía. El arte pictórico entiende bien la cuestión acerca de que la interpretación tiene que dejarse, precisamente, en manos del espectador.

She's gotta have it

Afortunadamente, Spike Lee entendió mejor eso en el reboot de esta historia, ya no nos mima con palabras, sino que nos pega tortazos de imágenes en la cara; como la ronda de “halagos” que puede recibir una mujer en la calle. No se apega a ese cursi blanco y negro del film original, sino que experimenta con cortes radicales acompañados de la música ideal: la pantalla vibra con los colores del vestuario de los personajes, todo brilla y llama la atención, los nombres de todos los personajes tienen su propia sonoridad; todo es orgánico y encastra perfectamente entre sí.

Nola Darling es una mujer llena de pasiones, ambiciones, color y poder; es genuinamente una mujer y ya no es, a diferencia de la Nola de 1986, un ente en función de las razones sociales o de los otros hombres.

Un mismo director, un mismo autor, que hace treinta años atrás se atrevió a filmar una escena de violación y por la cual luego se arrepintió, tuvo la oportunidad de redimirse y lo hizo. She’s gotta have it es un mensaje poderoso de lo que fuimos y de lo que logramos dejar atrás y sobre todo de las cosas que ya no estamos dispuestos a soportar.

Por Abril Taker

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